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Leishmaniosis canina

Enfermedad crónica y sistémica causada por el protozoo Leishmania infantum, transmitido por flebótomos. Causa lesiones cutáneas, adelgazamiento, linfadenomegalia, esplenomegalia, lesiones oculares y onicogrifosis, y la glomerulonefritis es su complicación más grave. Es una zoonosis y el perro es el principal reservorio.

Patología · InfecciosaPerro

Borrador sin revisión veterinaria. El contenido puede tener errores. Se publica para que la comunidad lo revise.

Qué es

La leishmaniosis canina la causa Leishmania infantum, un protozoo que transmiten las hembras de los flebótomos (Phlebotomus en el Viejo Mundo, Lutzomyia en América) al picar al atardecer y por la noche. También hay transmisión sin vector, por transfusiones de sangre, por vía transplacentaria y por vía venérea. En el perro, el parásito vive como amastigote dentro de los macrófagos de la piel, la médula ósea, el bazo, el hígado y los linfonodos.

La infección no equivale a enfermedad: muchos perros infectados quedan subclínicos durante años o toda la vida. El curso depende de la respuesta inmunitaria: una respuesta celular eficaz (tipo Th1) controla el parásito, mientras que una respuesta predominantemente humoral (tipo Th2), con muchos anticuerpos que no protegen, permite que se multiplique. Gran parte de las lesiones se debe a los inmunocomplejos circulantes, que se depositan en los glomérulos, los vasos, las articulaciones y la úvea.

Es endémica en la cuenca mediterránea y en América Latina, sobre todo en Brasil, y también en Oriente Medio y Asia; se ha extendido hacia zonas más al norte y se diagnostica en perros que viajan o se importan desde zonas endémicas.

Es una zoonosis: L. infantum causa la leishmaniasis visceral humana, grave sobre todo en niños y personas inmunodeprimidas, y el perro es el principal reservorio doméstico. El enfoque One Health se basa en proteger a los perros de las picaduras de los flebótomos, controlar los vectores y diagnosticar y tratar a los perros enfermos. La leishmaniasis humana es de declaración obligatoria en muchos países, y en algunos también la canina; el control sigue los programas oficiales de cada país.

A quién afecta

Perros de zonas endémicas o que han viajado a ellas, sobre todo los que pasan la noche al aire libre. La enfermedad es más frecuente en perros jóvenes adultos y en perros mayores. Algunas razas, como el bóxer, el cocker spaniel, el rottweiler y el pastor alemán, parecen más predispuestas, mientras que el podenco ibicenco suele montar una respuesta inmunitaria eficaz. Los gatos también se infectan, pero enferman con mucha menos frecuencia.

Anatomía implicada

  • Piel: es el órgano afectado con más frecuencia. La forma típica es una dermatitis exfoliativa con escamas blanco plateadas, sobre todo en la cabeza, alrededor de los ojos ("en gafas") y en las orejas, a menudo con alopecia. También hay formas ulcerativas en prominencias óseas, bordes de las orejas y uniones mucocutáneas, formas nodulares y una dermatitis papular leve en zonas de picadura, típica de perros con buena respuesta inmunitaria. Puede haber hiperqueratosis de la trufa y las almohadillas.
  • Riñones: el depósito de inmunocomplejos produce una glomerulonefritis con proteinuria, que puede progresar a síndrome nefrótico y enfermedad renal crónica; también hay nefritis intersticial. La enfermedad renal es la principal causa de muerte en los perros con leishmaniosis.
  • Bazo: esplenomegalia por proliferación de macrófagos parasitados; el bazo, la médula ósea y los linfonodos, que suelen estar aumentados de forma generalizada, son buenos lugares para buscar el parásito por citología o PCR.
  • Ojos: blefaritis, conjuntivitis, queratoconjuntivitis (incluida la queratoconjuntivitis seca) y uveítis anterior, que puede complicarse con glaucoma.
  • Uñas: onicogrifosis, un crecimiento excesivo y curvado de las uñas, muy característico, junto con fragilidad de la uña y paroniquia.

Signos clínicos

Los signos son muy variables y aparecen de forma gradual: adelgazamiento con apetito conservado o disminuido, atrofia muscular (sobre todo de los músculos temporales), decaimiento, linfadenomegalia generalizada, esplenomegalia, lesiones cutáneas, onicogrifosis, epistaxis, lesiones oculares, cojera por poliartritis y, cuando el riñón está afectado, poliuria, polidipsia y vómitos. En la analítica destacan la anemia no regenerativa, la hiperglobulinemia con hipoalbuminemia y la proteinuria, con o sin azotemia.

Diagnóstico

  • Serología cuantitativa (inmunofluorescencia indirecta o ELISA): es la base del diagnóstico. Títulos altos en un perro con signos compatibles confirman la enfermedad; los títulos bajos no bastan y requieren otras pruebas. Las pruebas rápidas de consulta son cualitativas.
  • Citología de aspirados de linfonodos, médula ósea o bazo, o de lesiones cutáneas: visualiza los amastigotes, pero es poco sensible.
  • PCR (mejor cuantitativa) en médula ósea, linfonodos, bazo, piel o hisopos conjuntivales: detecta la infección, aunque un resultado positivo en un perro sano no significa enfermedad.
  • Histopatología con inmunohistoquímica en las lesiones cutáneas o de otros órganos.
  • Evaluación renal: bioquímica, análisis de orina y cociente proteína/creatinina en orina, y estadificación según la IRIS.
  • Estadificación LeishVet: clasifica al perro en cuatro estadios (enfermedad leve, moderada, grave y muy grave) según la serología, los signos, las alteraciones laboratoriales y la función renal. Orienta el tratamiento y el pronóstico, que empeora con la proteinuria y la enfermedad renal.

Tratamiento y prevención

El tratamiento de primera línea combina un antimonial (antimoniato de meglumina) o la miltefosina con alopurinol, que se mantiene durante meses y a veces de por vida; la aminosidina con alopurinol es una alternativa de segunda línea. La disponibilidad y la legalidad de estos fármacos para perros varían según el país. El alopurinol puede causar urolitiasis de xantina, y los antimoniales pueden ser nefrotóxicos. La proteinuria y la enfermedad renal se tratan según las pautas de la IRIS. El tratamiento suele conseguir la mejoría clínica, pero rara vez elimina el parásito, y las recaídas son posibles; por eso se hace un seguimiento clínico, laboratorial y serológico periódico. No se recomienda tratar con fármacos antileishmania a los perros infectados sin signos ni alteraciones.

La prevención en zonas endémicas combina varias medidas:

  • Repelentes e insecticidas de piretroides, en collares (deltametrina o flumetrina con imidacloprid) o pipetas (permetrina con imidacloprid), mantenidos durante toda la temporada de flebótomos. Las pipetas de permetrina son tóxicas para los gatos.
  • Reducir la exposición al vector, por ejemplo manteniendo a los perros dentro de casa desde el atardecer hasta el amanecer.
  • Vacunas para perros seronegativos, como complemento de los repelentes y nunca en su lugar.
  • Domperidona, un inmunomodulador, en perros seronegativos.
  • No usar sangre de perros infectados para transfusiones y no criar con perras infectadas.

Estudios clave

  • Guías del LeishVet (Solano-Gallego et al., 2011): el consenso de referencia para el manejo clínico de la leishmaniosis canina. Combina la revisión de la evidencia, la experiencia clínica y el consenso de expertos, y propone el sistema de cuatro estadios que se usa para elegir el tratamiento, estimar el pronóstico y planificar el seguimiento.
  • Consenso de la World Association for Veterinary Dermatology (Saridomichelakis et al., 2025): guía basada en una búsqueda de ensayos aleatorizados, revisiones sistemáticas y metaanálisis. Recomienda antimoniato de meglumina o miltefosina con alopurinol en primera línea y aminosidina con alopurinol en segunda; desaconseja la eutanasia como medida de salud pública y los fármacos antileishmania en perros con infección subclínica. Para la prevención recomienda los collares de deltametrina o de flumetrina con imidacloprid, la pipeta de permetrina con imidacloprid y la domperidona en perros seronegativos; considera opcional la vacuna de proteínas excretadas-secretadas (LiESP) y recomienda la vacuna de proteína Q en zonas con seroconversión muy alta. Todos los autores declaran relaciones con empresas del sector.
  • Wylie et al. (2014), revisión sistemática de los repelentes tópicos y la profilaxis farmacológica frente a la infección natural. Incluyó 11 estudios; todos menos uno tenían un riesgo alto de deficiencias metodológicas, y la heterogeneidad impidió hacer un metaanálisis. Los collares de deltametrina, las pipetas de permetrina sola o con imidacloprid y la domperidona tendieron a reducir de forma significativa la proporción de perros infectados.
  • Oliva et al. (2014), ensayo aleatorizado y doble ciego de la vacuna LiESP/QA-21 en 90 perros expuestos durante dos temporadas de transmisión en dos zonas muy endémicas del Mediterráneo. La vacuna redujo el riesgo de progresar a infección activa o a enfermedad, con una eficacia del 68,4 %, pero la probabilidad de volverse PCR positivo fue similar en ambos grupos: no impide la infección. Lo financió el fabricante y varios autores eran empleados suyos.
  • Sabaté et al. (2014), ensayo aleatorizado, abierto y de un solo centro en 90 perros seronegativos en Valencia (España), con domperidona en ciclos periódicos o sin tratamiento. A los 12 meses habían desarrollado enfermedad el 7 % de los tratados frente al 35 % de los controles, y a los 21 meses el 11 % frente al 48 %, con una tasa de prevención del 77 % en todo el seguimiento. Al ser abierto y de un solo centro, el resultado debe confirmarse.
  • Gavgani et al. (2002), ensayo aleatorizado por conglomerados en 18 aldeas de Irán, en el que se pusieron collares de deltametrina a todos los perros de las aldeas de intervención. La seroconversión de los niños fue del 1,49 % frente al 2,41 % en las aldeas control (OR 0,57), y la de los perros también se redujo (OR 0,46). Apoya que proteger a los perros reduce también la infección humana, aunque duró una sola temporada de transmisión y en una sola región.

Referencias

  1. Sykes JE. Greene's Infectious Diseases of the Dog and Cat, 5th ed. Elsevier (2021)
  2. Solano-Gallego L, Miró G, Koutinas A, et al. LeishVet guidelines for the practical management of canine leishmaniosis. Parasit Vectors 4:86 (2011)
  3. Saridomichelakis MN, Baneth G, Colombo S, et al. World Association for Veterinary Dermatology Consensus Statement for Diagnosis, and Evidence-Based Clinical Practice Guidelines for Treatment and Prevention of Canine Leishmaniosis. Vet Dermatol 36:723-787 (2025)
  4. Wylie CE, Carbonell-Antoñanzas M, Aiassa E, et al. A systematic review of the efficacy of prophylactic control measures for naturally occurring canine leishmaniosis. Part II: topically applied insecticide treatments and prophylactic medications. Prev Vet Med 117:19-27 (2014)
  5. Oliva G, Nieto J, Foglia Manzillo V, et al. A randomised, double-blind, controlled efficacy trial of the LiESP/QA-21 vaccine in naïve dogs exposed to two leishmania infantum transmission seasons. PLoS Negl Trop Dis 8:e3213 (2014)
  6. Sabaté D, Llinás J, Homedes J, et al. A single-centre, open-label, controlled, randomized clinical trial to assess the preventive efficacy of a domperidone-based treatment programme against clinical canine leishmaniasis in a high prevalence area. Prev Vet Med 115:56-63 (2014)
  7. Gavgani AS, Hodjati MH, Mohite H, et al. Effect of insecticide-impregnated dog collars on incidence of zoonotic visceral leishmaniasis in Iranian children: a matched-cluster randomised trial. Lancet 360:374-9 (2002)
Material de estudio. No reemplaza el diagnóstico ni la consulta veterinaria.Editar en GitHub