Actinomicosis
Osteomielitis piogranulomatosa crónica de la mandíbula o del maxilar causada por Actinomyces bovis, que entra por heridas de la mucosa oral. Produce un abultamiento óseo duro con fístulas que drenan pus con gránulos amarillentos; se conoce como mandíbula abultada (lumpy jaw).
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Qué es
La actinomicosis bovina es una infección crónica del hueso causada por Actinomyces bovis, una bacteria grampositiva, filamentosa y anaerobia que vive normalmente en la cavidad oral. Penetra en los tejidos a través de heridas de la mucosa producidas por forrajes ásperos, aristas de gramíneas o cuerpos extraños, o a través de los alvéolos durante la erupción de los dientes. En el hueso produce una osteomielitis rarefaciente: destruye el hueso y, a la vez, estimula la formación de hueso nuevo por el periostio, de modo que el hueso queda engrosado y con un aspecto de panal. Las lesiones son piogranulomas que contienen pequeños gránulos de colonias bacterianas, amarillentos (los llamados "gránulos de azufre").
Hay que distinguirla de la actinobacilosis (lengua de madera), causada por Actinobacillus lignieresii, que afecta sobre todo a tejidos blandos como la lengua y los ganglios linfáticos y responde mejor al tratamiento.
A quién afecta
Bovinos de cualquier edad, de forma esporádica, sobre todo animales jóvenes en la época de la erupción de los dientes definitivos y animales que comen forraje áspero o fibroso. No suele transmitirse entre animales.
Anatomía implicada
- Mandíbula: es la localización más frecuente. La lesión afecta al cuerpo de la mandíbula a la altura de los dientes yugales (premolares y molares), donde la bacteria entra por los alvéolos o por heridas de la encía. El hueso se abulta, los dientes se aflojan o se desalinean y la masticación se dificulta.
- Cráneo (maxilar): el maxilar y otros huesos de la cara se afectan con menos frecuencia. La lesión puede extenderse hacia la cavidad nasal o la faringe y causar dificultad respiratoria.
- A diferencia de la actinobacilosis, los ganglios linfáticos regionales no suelen afectarse.
Signos clínicos
Abultamiento duro e inmóvil de la mandíbula o del maxilar, al principio poco doloroso, que crece lentamente durante semanas o meses. Con el tiempo se vuelve doloroso y aparecen fístulas en la piel que drenan pus espeso con gránulos amarillentos. Los dientes afectados se aflojan, el animal mastica con dificultad, deja caer el alimento y pierde peso. Si se afecta el maxilar puede haber secreción nasal y disnea.
Diagnóstico
- Clínico: la localización y el aspecto de la tumefacción son muy característicos.
- Radiografía: destrucción ósea con áreas radiolúcidas multiloculares y formación de hueso nuevo perióstico; también muestra la afectación de los alvéolos y los dientes. La tomografía computarizada se usa en centros de referencia.
- Citología y cultivo: en el pus aplastado entre dos portas se ven los gránulos con filamentos grampositivos ramificados; el cultivo anaerobio confirma el agente.
- Histopatología: piogranulomas con colonias bacterianas rodeadas de un material eosinófilo en forma de mazas.
- Diagnóstico diferencial: actinobacilosis, abscesos de la raíz dental, fracturas con osteomielitis y neoplasias.
Tratamiento
El objetivo es detener el avance de la lesión: el hueso ya deformado no recupera su forma. En lesiones tempranas se usa yoduro sódico por vía intravenosa, a veces repetido, junto con antimicrobianos como la penicilina, y el desbridamiento quirúrgico y el drenaje de las fístulas. Hay que vigilar los signos de yodismo (lagrimeo, descamación de la piel, tos, pérdida de apetito). En lesiones avanzadas la respuesta es pobre y, cuando el animal no puede comer bien, suele recomendarse el sacrificio. El uso de medicamentos en animales de producción está sujeto a la normativa nacional y a los tiempos de espera, y no todos estos productos están autorizados en todos los países.
Estudios clave
La evidencia es muy limitada. No se encontraron en PubMed revisiones sistemáticas, ensayos controlados ni cohortes sobre la actinomicosis bovina; las recomendaciones de diagnóstico y tratamiento de los manuales se basan en la experiencia clínica y en series pequeñas de casos. Se citan las mejores fuentes disponibles, con esa reserva:
- Silva et al. (2004), serie no controlada de 12 bovinos y 2 equinos tratados con ácido metacresolsulfónico y estreptomicina por vía local. El 87 % de los animales se consideró clínicamente curado, sin recaídas a los 6 meses. Es una serie pequeña, sin grupo control y con especies mezcladas.
- Christener et al. (2026), serie de 5 bovinos remitidos a una clínica de rumiantes. La enfermedad se detectó a menudo tarde, cuando ya era demasiado avanzada para tratarla: en 2 casos se recomendó el sacrificio y 2 casos detectados pronto pudieron tratarse. La imagen radiológica fue el método de elección para el diagnóstico en el animal vivo, y en un caso se confirmó con tomografía computarizada. Es una serie descriptiva muy pequeña.
Referencias
- Constable PD, Hinchcliff KW, Done SH, et al. Veterinary Medicine: A textbook of the diseases of cattle, horses, sheep, pigs, and goats, 11th ed. Elsevier (2017)
- Fubini SL, Ducharme NG. Farm Animal Surgery, 2nd ed. Elsevier (2017)
- Silva LA, Fioravanti MC, Oliveira KS, et al. Local utilization of metacresolsulfonic acid combined with streptomycin in the treatment of actinomycosis. Ann N Y Acad Sci 1026:273-276 (2004)
- Christener N, Van der Vekens E, Gurtner C, et al. [Actinomycosis in cattle - Five clinical cases]. Schweiz Arch Tierheilkd 168:88-95 (2026)