Moquillo canino
Enfermedad vírica sistémica y muy contagiosa causada por el morbilivirus canino. Produce inmunosupresión y signos respiratorios, digestivos, oculares, cutáneos y neurológicos, a menudo graves o mortales. No tiene tratamiento específico; la vacuna es esencial para todos los perros.
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Qué es
El moquillo lo causa el morbilivirus canino (virus del moquillo canino, CDV), un virus ARN con envoltura de la familia Paramyxoviridae, emparentado con el virus del sarampión humano. Es lábil en el ambiente y se transmite sobre todo por aerosoles y secreciones respiratorias de perros infectados, que pueden eliminar el virus durante semanas. Tras la infección por vía respiratoria, el virus se replica en el tejido linfoide (tonsilas y linfonodos bronquiales) usando el receptor SLAM (CD150) de los linfocitos y los macrófagos, se disemina por viremia y causa una inmunosupresión profunda, con linfopenia. Después infecta, mediante el receptor nectina-4, los epitelios del aparato respiratorio, digestivo y urinario, la piel y el sistema nervioso central. La evolución depende de la respuesta inmunitaria: los perros que la montan pronto pueden eliminar el virus sin signos, mientras que los que no lo hacen desarrollan la enfermedad multisistémica.
No es una zoonosis. Tiene una gama de hospedadores muy amplia: además del perro afecta a zorros, lobos, mapaches, hurones y otros mustélidos, grandes félidos y focas, y los reservorios silvestres y los perros no vacunados mantienen el virus en circulación.
A quién afecta
Sobre todo cachorros no vacunados de entre unos 3 y 6 meses, cuando disminuyen los anticuerpos maternos, aunque puede afectar a perros de cualquier edad sin protección. El riesgo es mayor en refugios, criaderos, tiendas de animales y poblaciones de perros callejeros o sin vacunar. Los hurones son muy sensibles y la enfermedad en ellos es casi siempre mortal.
Anatomía implicada
- Encéfalo: el virus afecta sobre todo la sustancia blanca del cerebelo, el tronco del encéfalo y la médula espinal, con una leucoencefalomielitis desmielinizante; en cachorros también puede dañar la sustancia gris. La encefalitis del perro viejo es una forma crónica rara de la corteza cerebral en perros adultos, con persistencia del virus. En la histología se ven cuerpos de inclusión eosinofílicos intranucleares e intracitoplasmáticos en neuronas y células gliales.
- Pulmones: neumonía intersticial vírica, a menudo complicada con una bronconeumonía bacteriana secundaria por la inmunosupresión.
- Intestino delgado: infección del epitelio intestinal con enteritis catarral, vómitos y diarrea, que agravan la deshidratación.
- Ojos: conjuntivitis con secreción ocular serosa y luego mucopurulenta; la infección de la glándula lagrimal puede causar queratoconjuntivitis seca. También puede haber coriorretinitis, que deja cicatrices retinianas hiperreflectivas, y neuritis óptica con ceguera brusca.
- Piel: hiperqueratosis nasodigital ("enfermedad de las almohadillas duras"), con engrosamiento y endurecimiento de la trufa y de las almohadillas; en cachorros puede verse una dermatitis pustular en el abdomen.
Signos clínicos
La fase aguda empieza con fiebre, decaimiento, anorexia y secreción oculonasal serosa que se vuelve mucopurulenta. Siguen tos, disnea, vómitos y diarrea. Los signos neurológicos aparecen a la vez o semanas después, incluso en perros que no tuvieron signos sistémicos evidentes: mioclonías (contracciones rítmicas involuntarias de un grupo de músculos, que pueden persistir de por vida), convulsiones (a veces con movimientos de masticación), ataxia, paresia, signos vestibulares y cerebelosos e hiperestesia. Los perros que se infectan antes de la erupción de los dientes definitivos pueden quedar con hipoplasia del esmalte. La enfermedad neurológica suele ser progresiva y es la principal causa de muerte o eutanasia.
Diagnóstico
- Sospecha clínica: cachorro no vacunado con signos respiratorios o digestivos seguidos de signos neurológicos, mioclonías o hiperqueratosis de las almohadillas.
- RT-PCR: es la prueba de elección. Se analizan hisopos conjuntivales, nasales u orofaríngeos, sangre entera, orina o líquido cefalorraquídeo; combinar varias muestras aumenta la sensibilidad. Las vacunas vivas modificadas pueden dar resultados positivos durante algunas semanas tras la vacunación (interferencia vacunal); la RT-PCR cuantitativa o la secuenciación ayudan a distinguir el virus vacunal del de campo.
- Inmunofluorescencia de frotis conjuntivales o de sangre: específica pero poco sensible.
- Serología: la IgM indica infección o vacunación reciente; los anticuerpos en el líquido cefalorraquídeo apoyan la forma neurológica si la muestra no está contaminada con sangre.
- Hemograma: la linfopenia es frecuente en la fase aguda.
- Post mortem: histopatología con cuerpos de inclusión e inmunohistoquímica.
Tratamiento y prevención
No hay un antiviral específico; el tratamiento es de soporte: aislamiento, fluidos, nutrición, limpieza de las secreciones, antibióticos para la bronconeumonía bacteriana secundaria y anticonvulsivantes. El pronóstico es reservado cuando hay signos neurológicos, y las mioclonías suelen persistir en los perros que sobreviven.
La vacunación es la base de la prevención: la vacuna frente al moquillo es una vacuna esencial para todos los perros en todo el mundo. Se usan vacunas vivas modificadas o recombinantes; la serie del cachorro debe terminar a las 16 semanas de edad o más tarde, porque los anticuerpos maternos interfieren con la respuesta. En los refugios se vacuna al ingreso y se aísla a los perros enfermos. Mantener una cobertura vacunal alta en los perros también reduce el riesgo para la fauna silvestre amenazada.
Estudios clave
- Guías de vacunación de la WSAVA (Squires et al., 2024): la referencia internacional para la vacunación de perros y gatos. Incluyen el moquillo entre las vacunas esenciales que deben recibir todos los perros, con independencia de dónde vivan, junto con el adenovirus canino y el parvovirus canino.
- Guías de vacunación canina de la AAHA (Ellis et al., 2022): la guía norteamericana. Clasifica las vacunas en esenciales y no esenciales según el riesgo de cada paciente, da un calendario de vacunación y revacunación, explica cómo interpretar los títulos de anticuerpos, incluidos los de origen materno, e incluye recomendaciones específicas para refugios y brotes.
- Costa et al. (2019), metaanálisis de 53 estudios transversales con 11 527 perros. La positividad media fue del 33 % con pruebas moleculares y del 46 % con serología. Los perros sin vacunar (OR 2,92) y los que vivían en libertad (OR 1,44) tenían más riesgo, y una vacunación completa se asoció con mucho menos riesgo (OR 0,18). Los menores de 12 meses tuvieron menos positividad (OR 0,36), lo que contrasta con la idea de que es una enfermedad de cachorros; una explicación posible es que la serología acumula exposición con la edad. Son estudios observacionales y muy heterogéneos.
- Martinez-Gutierrez y Ruiz-Saenz (2016), revisión sistemática de 217 artículos sobre el virus en hospedadores distintos del perro. Se ha descrito en carnívoros de 12 familias y también en roedores, primates, artiodáctilos y proboscídeos; los carnívoros no domésticos suman el 87,5 % de los registros. Se ha encontrado en 43 países y en todos los continentes excepto Australasia. Se basa en casos publicados, con el sesgo que eso supone.
- Angwenyi et al. (2025), revisión sistemática del moquillo en la fauna silvestre africana. Hubo brotes en seis países, con mortalidades del 30 % al 94 %, y 7 de las 11 especies afectadas están amenazadas. De 23 trabajos que estudiaron si el perro doméstico es el reservorio, 14 (61 %) concluyeron que sí, 4 que no y 5 no pudieron saberlo, y ninguno confirmó la transmisión del perro a la fauna silvestre. La idea extendida de que el perro es siempre el origen está respaldada solo en parte.
Referencias
- Sykes JE. Greene's Infectious Diseases of the Dog and Cat, 5th ed. Elsevier (2021)
- Squires RA, Crawford C, Marcondes M, et al. 2024 guidelines for the vaccination of dogs and cats - compiled by the Vaccination Guidelines Group (VGG) of the World Small Animal Veterinary Association (WSAVA). J Small Anim Pract 65:277-316 (2024)
- Ellis J, Marziani E, Aziz C, et al. 2022 AAHA Canine Vaccination Guidelines. J Am Anim Hosp Assoc 58:213-230 (2022)
- Costa VGD, Saivish MV, Rodrigues RL, et al. Molecular and serological surveys of canine distemper virus: A meta-analysis of cross-sectional studies. PLoS One 14:e0217594 (2019)
- Martinez-Gutierrez M, Ruiz-Saenz J. Diversity of susceptible hosts in canine distemper virus infection: a systematic review and data synthesis. BMC Vet Res 12:78 (2016)
- Angwenyi SKS, Rooney NJ, Eisler MC. Are Domestic Dogs (Canis familiaris) the Family Scapegoats? A Systematic Review of Canine Distemper Virus in African Wildlife, 1978-2021. J Wildl Dis 61:1-16 (2025)