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Hernia diafragmática

Desplazamiento de órganos abdominales a la cavidad torácica a través de un defecto del diafragma, por lo general un desgarro causado por un traumatismo cerrado. Compromete la respiración y puede detectarse meses después del accidente.

Patología · TraumáticaPerroGato

Borrador sin revisión veterinaria. El contenido puede tener errores. Se publica para que la comunidad lo revise.

Qué es

Una hernia diafragmática es el paso de órganos abdominales al tórax a través de un defecto del diafragma. En el perro la mayoría son traumáticas: un golpe brusco en el abdomen, típicamente un atropello, eleva la presión abdominal con la glotis abierta y el diafragma se desgarra, por lo general en su parte muscular. El hígado es el órgano que se hernia con más frecuencia, seguido del intestino delgado, el estómago, el bazo y el omento. Los órganos herniados, junto con la efusión pleural, reducen la expansión pulmonar.

La principal forma congénita es la hernia diafragmática peritoneopericárdica, en la que la cavidad abdominal comunica con el saco pericárdico; es un cuadro distinto, a menudo hallado de forma incidental, y el weimaraner está sobrerrepresentado.

A quién afecta

Perros de cualquier edad y raza tras un traumatismo cerrado. Algunos no se diagnostican hasta semanas, meses o incluso años después, cuando aparecen signos respiratorios o digestivos.

Anatomía implicada

El diafragma (diaphragma) es una lámina musculotendinosa en forma de cúpula entre las cavidades torácica y abdominal. Su centro es el centro tendinoso (centrum tendineum), y su periferia muscular tiene una parte lumbar (los pilares derecho e izquierdo, unidos a las vértebras lumbares), una parte costal unida a las costillas y al arco costal y una parte esternal. Tiene tres aberturas: el hiato aórtico, el hiato esofágico y el foramen de la vena cava caudal. Está inervado por los nervios frénicos, formados a partir de los nervios espinales cervicales caudales (C5–C7). Los desgarros traumáticos suelen ser circunferenciales, cerca de las inserciones costales, o radiales en la parte muscular.

Signos clínicos

Disnea y taquipnea, intolerancia al ejercicio, shock en los casos agudos, ruidos cardíacos y pulmonares apagados, borborigmos audibles en el tórax y un abdomen que se palpa "vacío". Las hernias crónicas pueden causar vómitos, pérdida de peso o disnea intermitente. Un estómago herniado que se llena de gas es una urgencia vital.

Diagnóstico

  • Radiografías de tórax: pérdida del contorno diafragmático, intestino o estómago con gas en el tórax, desplazamiento del corazón y los pulmones, efusión pleural.
  • Ecografía para mostrar órganos abdominales junto al corazón y un diafragma discontinuo.
  • Estudio gastrointestinal con contraste positivo o tomografía en los casos dudosos.

Tratamiento

Reparación quirúrgica por celiotomía media ventral: los órganos se devuelven al abdomen, los bordes del defecto se desbridan si es necesario y se suturan, y al final de la cirugía se extrae el aire del espacio pleural. Primero se estabiliza al paciente (oxígeno, tratamiento del shock, toracocentesis), salvo cuando un estómago herniado se está distendiendo, lo que exige descompresión y cirugía inmediatas. En las hernias crónicas son frecuentes las adherencias, y el pulmón colapsado debe reexpandirse despacio para evitar el edema pulmonar por reexpansión. Los perros que superan el periodo perioperatorio suelen evolucionar bien.

En el gato

Las hernias diafragmáticas traumáticas son frecuentes en el gato tras atropellos y caídas desde altura, con las mismas consecuencias que en el perro; muchos gatos compensan bien y se diagnostican semanas o meses después, cuando aparece disnea, vómitos o intolerancia al ejercicio. En los gatos disneicos hay que manipular con mucho cuidado y estabilizar con oxígeno antes de cualquier prueba.

La hernia diafragmática peritoneopericárdica es la anomalía congénita del pericardio más frecuente en el gato. Las razas de pelo largo, como el persa, el himalayo y el maine coon, están sobrerrepresentadas. Muchas se descubren de forma casual en radiografías hechas por otros motivos: silueta cardiaca grande y redondeada con superposición del borde caudal del corazón y el diafragma, y a veces gas intestinal dentro del saco pericárdico; la ecografía confirma el diagnóstico. Los gatos con signos digestivos o respiratorios se operan, mientras que los gatos sin signos pueden vivir bien sin cirugía.

Estudios clave en el gato

Hernia traumática

  • Schmiedt et al. (2003), 34 gatos operados. La edad media fue de 3,6 años y el 50 % tuvo complicaciones posoperatorias, sobre todo taquipnea y disnea. La mortalidad se asoció a la edad, a las lesiones concurrentes y, de forma llamativa, a frecuencias respiratorias más bajas al ingreso; no se asoció al tiempo que llevaba la hernia.
  • De Bastiani et al. (2023), 90 gatos operados con toracocentesis transdiafragmática intraoperatoria y sin tubo de tórax. Las complicaciones intra y posoperatorias fueron del 3,3 % y el 12,4 %, y la supervivencia del 93,3 %. Las enfermedades concurrentes, la cirugía de urgencia y la mayor edad se asociaron a peor supervivencia a largo plazo. No tiene grupo de comparación y se publicó en una revista de acceso abierto de impacto modesto.

Hernia peritoneopericárdica

  • Reimer et al. (2004), 67 gatos. Los domésticos de pelo largo y los himalayos estaban sobrerrepresentados, y en 27 la hernia fue un hallazgo casual. De 66 gatos tratados, 37 se operaron (mortalidad posoperatoria del 14 %, con complicaciones casi siempre leves) y 29 se manejaron sin cirugía; en 2 de 22 gatos no operados los signos progresaron hasta requerir cirugía o causar la muerte.
  • Banz y Gottfried (2010), 31 gatos y 8 perros operados. Los gatos de pelo largo, sobre todo el maine coon, parecían tener más riesgo, y en los gatos predominaron los signos respiratorios. El hígado, la vesícula biliar y el intestino delgado fueron los órganos herniados con más frecuencia, y la mortalidad perioperatoria fue baja.
  • Burns et al. (2013), 30 gatos y 28 perros de dos hospitales. La prevalencia en gatos fue del 0,062 % y la mitad de los gatos eran hallazgos casuales. La cirugía resolvió los signos en el 85,3 % de los animales operados, y la supervivencia a largo plazo no difirió entre el tratamiento quirúrgico y el conservador. El tratamiento se eligió según los signos, no al azar.

Referencias

  1. Fossum TW. Small Animal Surgery, 5th ed. Elsevier (2018)
  2. Johnston SA, Tobias KM. Veterinary Surgery: Small Animal, 2nd ed. Elsevier (2018)
  3. Reimer SB, Kyles AE, Filipowicz DE, et al. Long-term outcome of cats treated conservatively or surgically for peritoneopericardial diaphragmatic hernia: 66 cases (1987-2002). J Am Vet Med Assoc 224:728-732 (2004)
  4. Schmiedt CW, Tobias KM, Stevenson MA. Traumatic diaphragmatic hernia in cats: 34 cases (1991-2001). J Am Vet Med Assoc 222:1237-1240 (2003)
  5. De Bastiani D, Montinaro V, Cipolla E, et al. Complications and outcome of traumatic diaphragmatic hernia repair without post-operative chest drain: Retrospective study in 90 cats. Open Vet J 13:677-683 (2023)
  6. Banz AC, Gottfried SD. Peritoneopericardial diaphragmatic hernia: a retrospective study of 31 cats and eight dogs. J Am Anim Hosp Assoc 46:398-404 (2010)
  7. Burns CG, Bergh MS, McLoughlin MA. Surgical and nonsurgical treatment of peritoneopericardial diaphragmatic hernia in dogs and cats: 58 cases (1999-2008). J Am Vet Med Assoc 242:643-650 (2013)
Material de estudio. No reemplaza el diagnóstico ni la consulta veterinaria.Editar en GitHub